Mi llegada a casa
4 September 2008La verdad es que mis inicios en este mundo fueron algo duros. Mis padres me abandonaron en la calle, en una fría noche de diciembre. Por suerte para mí, me encontraron unas personas que me llevaron a un veterinario, que al verme lo primero que hizo fue ponerme en una camita con bolsas de agua calientes para tratar de calentarme. Decían que tenía hipotermia (que a mí eso ahora me suena a Hipopótamo, lo que me resulta raro, porque en aquellos días gordo no estaba precisamente).
Pero el frío no fue mi mayor problema. Debido a ello, tuve bronquitis y eso sí que fue serio. A base de medicamentos conseguí salir adelante, y ya estábamos en navidades y parece que todo iba bien, recuperando mi temperatura.
Ahora quedaba resolver un problema: conseguirme unos dueños que me cuidaran y me quisieran. Parece ser que Lorena, la veterinaria que me cuidó, consiguió contactar con Diego y Olga, a través de unos amigos comunes. Ellos, rápidamente dijeron que se quedaban conmigo, sin siquiera haberme visto. Así que el día 31 de diciembre, Diego vino a buscarme a la clínica. Yo estaba envuelto en una toalla, pelado de frío y nos fuimos en taxi a la que sería mi nueva casa.
Al llegar ni me moví. Diego me puso en una zona calentita, y ahí me quedé, tan tranquilo. Los primeros días fueron así siempre, sólo me movía para ir al baño y comer un poquito, aunque de que comiera ya se preocupaban Olga y Diego.
Y así, poco a poco, de ser un saco de huesos y pelo, me convertí en un gato sano y gordete. Si lo pienso, no sé dónde estaría si no me hubiesen recogido para llevarme al veterinario. De Olga y Diego no me puedo quejar nada, porque me cuidan como si fuera el rey de la casa (¿acaso no lo soy?). De qué es lo que hago cada día, ya os lo iré descubriendo poco a poco







